viernes, 9 de mayo de 2014

Buena cosecha

Hemos cosechado buenos frutos, tenido raíces firmes y sanas. Nos hemos asoleado, como tierra en humus, sacado lindos colores en todos nuestros procesos para la maduración. Nacimos varias veces, también casi morimos otras tantas, pero somos de buena semilla y acá continuamos. Mutaremos y seguiremos. Estaremos bien cariño.

(En unos minutitos dejo esta casa, después de casi cinco años. Nos mudamos los tres, como los mosqueteros buenos que somos... y mis morrones!).

domingo, 4 de mayo de 2014

Fue como un flash

Me estaba acordando que mi mamá tenía piel grasa y entonces me preguntaba si yo puede que heredé algo de esa piel una partecita que sea algo o tal vez yo me parezco más a mi padre en todo a lo que pensaba lo que decía o lo que hacía incluso lo que imaginó hacer y por falta de tiempo se le estancaron algunos sueños aunque ahora parece que no es buen tiempo para los sueños a penas y alcanza para dar un medio giro entre las sábanas si con suerte te has despertado a la hora precisa y sin cansancio de ese que te persigue el día entero de tanto pensar cómo llegaremos a fin de mes y pienso que es buena suerte que mi molestia ha cesado como que ya no le hago tanto caso para que no me venga una especie de soponcio como lo que le da a la vecina del fondo cuando el marido no llega y ella sale a buscarlo con los chiquillos a la rastra con el moquillo colgando y mordisqueando un pedazo de pan duro porque se endureció en el horno porque ella lo dejó un poco más encendido y aprovechar así que se temperara la pieza porque se venía cayendo el frío la noche anterior pero ella sabía que el frío más grande llegaba golpeando la puerta y avisando que el Juan se había fracturado la pierna y que no hay plata y que quien sabe cuándo el patrón lo volvería a llamar de nuevo y mientras tanto bebería de ese vino púrpura y ella cebaría uno dos o tres mates y los chiquillos correrían en el patio igualito al que tenía mi abuelita pero no tan amplio porque en esa época los sitios eran amplios pero no daban más de dos pesos por esos sitios y entonces la familia entera se criaba en esos patios en esas casas con esas historias las que al final algunos olvidan porque no tienen buena memoria encienden un televisor en colores y entonces olvidan todo hasta los sueños el frío el sabor del pan amasado calentito y hasta la piel. 

martes, 22 de abril de 2014

martes, 15 de abril de 2014

Ese viejo amuleto

"El aire huele a frutas frescas"- me repitió tres veces mientras el tren tomó velocidad. Y yo como un tonto lo escribí en mi libretita de poemas, como queriendo que fuera un amuleto que la haría volver un día.
Me sorprendió; cuando caminando con Ana de la mano; ella con un helado de frambuesa y yo con un cucurucho de mermelada; alguien me hacía señas como saludándome. La mermelada chorreó mi camisa y por un pelo no manchó también mis zapatillas de lona. Era Consuelo y avanzó directamente sin titubear ni un poco. Se detuvo frente a nosotros, nos miró, nos sonrió y luego mirándome dijo "hola".
Ana se soltó de mi mano y correteó por entre nosotros como si no estuviéramos. Consuelo no dejaba de sonreír y eso me inquietaba. Dijo que era feliz; que al igual que yo tenía una linda familia. Dijo también que le alegraba verme. Que en verdad la ponía contenta. Y se despidió.
Lo último que le escuché decir fue "sería bueno volver a vernos" y se fue caminando lento. Ana me miraba y yo me detuve en el color frambuesa confundido como lunares en su vestido blanco con cintas. El mismo estilo que llevaba puesto aquella vez Consuelo, cuando al anochecer el tren tomó velocidad. Lo recuerdo porque traigo conmigo siempre la libretita esa.  

sábado, 12 de abril de 2014

Huertiando


Es tiempo de remover la tierra, sacar la maleza y sembrar. 
(Y por un rato vuelvo a ser niña; haciendo pastelitos de barro).

lunes, 7 de abril de 2014

Arrímate suavecito y nos echamos una pieza de baile

Nuestros amigos estaban en círculo cantando esas canciones viejas que las aprendimos de tanto escuchar. Ya avanzada la noche llegó el Jorge con la Roxana ¡Qué envidia me daban siempre! Parecían jovencitos reconociéndose entre el tumulto. Te saqué a bailar. Dijiste que luego. Jorge me convidó uno de sus cigarrillos importados. Me contó que los traía de sus viajes, porque le daban la sensación de traerse consigo los olores de las noches de esos lugares. Me quedé pensando en eso de los olores, la noche y lo de su inmortalidad. Recordé que dijiste que luego bailarías conmigo. Te busqué. Te busqué. Te busqué.