
"Cuando yo vivía, tenía un corazón humano y no sabía lo que eran las lágrimas porque vivía en el palacio de la despreocupación, donde la pena tiene prohibida la entrada. De día jugaba en el jardín con mis compañeros y de noche bailábamos en el gran salón. Alrededor del palacio se elevaba un muro muy, muy alto, pero nunca sentí la curiosidad por saber qué había más allá de él...¡Tan bello era todo lo que me rodeaba!Mis súbditos me decían el Príncipe Feliz y era verdaderamente feliz, si placer y felicidad son lo mismo. Así viví y morí. Ahora que estoy muerto me han puesto aquí arriba, me han cubierto de plomo. Estoy tan, tan alto que puedo ver todas las miserias de mi ciudad y lo único que hago es llorar. Golondrina, mirá allá abajo: en ese callejón hay una casita muy pobre. Una de sus ventanas está abierta y dentro de la habitación hay una mujer que está cosiendo un vestido sentada frente a su mesa. Golondrina, golondrinita, estoy seguro de que podés ayudarme." (El Príncipe, de El Príncipe Feliz. En Programa Libros y Casas. Secretaría de Cultura de la Nación. Argentina. 2010)
Varias veces me he preguntado el cómo trabajar un texto y que, aún siendo bellamente literatura, trastoca alguna capa de la realidad de mis alumnos.
Quisiera hacer lo mejor posible mi trabajo y que éste aporte en sus vidas.
En mi caso, por ejemplo, la literatura me ha ayudado en varias ocasiones a enfrentar mi propia vida de manera más objetiva y en otras ocasiones a escaparle.
A veces se me hace difícil mi trabajo. Supongo que todos tenemos días así.